La pulsera que unía sus muñecas tenía engarzada una lámina, también de oro, en cuya brillante superficie, después de soplar con sus labios temblorosos, Fran consiguió leer:
Nacimos en enero del cuarenta y seis, pero no fuimos conscientes de nuestra fortuna hasta el día que nos conocimos. Entonces vivimos un sueño y juntos soñamos muchas vidas. En todas fuimos felices. Hasta el fin.
Mélanie y Frank (9 de agosto de 2.606)