La condición humana

 

 

Buganvilla  
 

 

Hay días en que dudo de mi fortuna por haber nacido hombre en lugar de, pongamos por caso, buganvilla. Tengo una en mi casa y, a pesar de haber crecido en cautividad, es de lo más agradecida. Conoce perfectamente su propia naturaleza y, a poco que la cuide, se pone a reventar de flores. Lo hace sin pudor, como si explotaran a la vez cientos de fuegos artificiales de color rojo sangre. Yo sin embargo, a pesar de no haber nacido en cautividad, que ya es una suerte, vivo en constante zozobra por miedo a infringir las cambiantes normas que, según tiempo y lugar, obligan a mi condición humana.